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Una boca sana no es simplemente una boca en la que no hay caries o no hay gingivitis o aquella en la que están todas la piezas, y son bonitas y están bien colocadas. La primera función parece que es la masticación, que para eso están las muelas, lo cual significa la primera fase de la digestión. Digo “parece” porque me parece mucho más interesante la mejora en las capacidades cognitivas derivada de una masticación potente y bilateral alternante, en una persona que respire por la nariz. Pero bueno, vale, se acepta “masticación”.

En esta imagen, de un paciente que aún no tiene ninguna pieza definitiva, por tanto es un niño, en este caso de 4 años, se ven varias cosas:

En la foto frontal, dientes aparentemente bien alineados. ¿Aparentemente? Veamos:

En la foto de boca entreabierta vemos que los colmillos (caninos), y también los incisivos centrales superiores, sobresalen demasiado sobre el resto de los dientes. Tanto los de arriba como los de abajo tienen las puntas de las cúspides muy prominentes (esto se nota muy bien al pasar la yema del dedo sobre las muelas, que de repente se encuentran con esos picos). La inclinación del eje de los caninos está un poco dirigida hacia dentro. La arcada superior y la inferior no van cada una por su lado sino que chocan la una contra la otra, que ahí está la gracia de la masticación. Ahora vamos a ver como chocan.

¿Qué vemos en las fotos con la boca cerrada? En la frontal, los dientes de arriba cubren casi por completo a los de abajo. Los colmillos de arriba chocan prácticamente contra la encía de abajo: la mandíbula queda encajonada bajo el maxilar superior. En la foto lateral se ve perfectamente: la boca está encarcelada. No hay posibilidad de movimiento lateral.

La boca, que debe funcionar como dos superficies irregulares pero planas, como si deslizaras dos tablas de aquellas de lavar, una sobre la otra, para poder moler, machacar y triturar el alimento, funcionará en realidad como una caja de zapatos con la tapa puesta, sin posibilidad de movimiento lateral.

En las fotos de lateralidad se observa perfectamente. En dichas imágenes lo que vemos es en qué posición quedan las piezas dentales cuando el paciente mastica por un lado, o por el otro. Y lo que vemos es que esos caninos son lo único que choca. Cuando el paciente pretende triturar un alimento por el lado derecho, fracasa porque sólo contactan los caninos de ese lado. Y lo mismo por el otro. El resto de piezas no chocan. Quedan huecos entre arcada superior e inferior. Esta posición es tan inestable que veis cómo el paciente interpone la lengua (un clásico ver lenguas con las marcas de los dientes por este motivo, y otro clásico, que rechinen los dientes por la noche en estas condiciones de inestabilidad).

Por tanto con este tipo de oclusión el paciente lo único que hace es abrir y cerrar la boca, y puede machacar el alimento pero no lo puede triturar. No puede desmenuzar la comida hasta hacerla puré. Se le hace bola. Puede sacar el jugo de la carne pero luego la escupirá. Engullirá y además lo hará con la boca abierta porque los músculos de cierre están atróficos. Un aparato masticatorio con muelas, el tejido más duro de todo el organismo, cristales mineralizados muy arriba en la escala de Mohs listos para… tortillitas. Unos músculos, maseteros, temporales, pterigoideos, los más potentes de todo el cuerpo, capaces de generar más fuerza por centímetro cuadrado que los glúteos, por ejemplo… para comer merluza en salsa, macarrones con tomate, filetes rusos o ensaladilla. No da para más la cosa.

Y bien: ¿dónde está el origen del problema? No podemos ir muy atrás en un niño de 4 años. Pues, como no podía ser de otra manera, en la alimentación con la que empezó a masticar.

El orden de aparición de las piezas de leche no es casual. Salen primero los incisivos, para cortar, y hay que dejarles hacerlo. Y salen bastante prontito, mucho antes de que el bebé empiece a caminar. La erupción de los incisivos encajona a la lengua en lo que será su sitio y su nueva forma de funcionamiento para cuando ya estén introducidos alimentos más duros. Luego sale la primera muela, oh, sorpresa, no el colmillo: queda un hueco libre entre el primer molar y el incisivo lateral. Es decir, el niño ya está preparado para cortar alimentos con los dientes y llevárselos a las muelas para poder triturarlos. Y luego ya sí sale el colmillo: para desgarrar. Por eso tiene esa punta aguda, que se deberá aplanar con el tiempo. Agarras un trozo de comida con el colmillo, que está en una zona especialmente resistente de los maxilares, que tiene una raíz larga y potente para soportar la fuerza que ha de hacer. Pero oh! le damos un vaso de leche con galletas. No necesita desgarrar nada. El miedo al atragantamiento, que sucede precisamente en pacientes en los que hay baja tonicidad de los músculos de la garganta, por falta de ejercicio. Las prisas, es que tarda mucho si le dejo comer solo. El bebé no se lleva la comida a la boca y tira: el diente queda con una inclinación inadecuada. Cierra el paso a la mandíbula.

Y pregunto a los padres, en niños de 18 meses “¿qué come tu bebé a lo largo de un día normal”, y responden “hacemos BLW, come lo mismo que nosotros”. Entonces, AHÍ ESTÁ EL PROBLEMA VERDADERO: que los padres, los adultos, nosotros, los del mundo civilizado, comemos MUY BLANDO. Y ese es el origen de la ENFERMEDAD DE LA EVOLUCIÓN DEL APARATO MASTICATORIO HUMANO.

La enfermedad que en niños se manifiesta como “maloclusiones”, que no son otra cosa que trastornos del desarrollo del aparato masticatorio, y en adultos tiene muchas otras formas: migrañas,vértigos, acúfenos, neuralgias, síndrome de boca ardiente, etc.

Por eso, y por muchas cosas más, la primera visita al dentista debe ser como muy tarde a los 6 meses. Así podremos orientar sobre lactancia, alimentación, hábitos como chupete, posturas, etc. Hacer prevención primaria es poner las bases para evitar la aparición de la enfermedad.