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Con frecuencia cuando se reúnen varias madres hablando de sus hijos sale la cuestión de cómo salen los dientes, “pues a mi hijo le salió primero un colmillo”, “pues el mío con 12 meses aún no tiene ninguno”, “y el mío tiene 39°C desde hace dos días, será por los dientes”.

La erupción dental, el cuándo, cómo, dónde y por qué (y yo diría que en ese orden), son aspectos que preocupan y por los que los dentistas recibimos consultas a diario.

Los niños nacen sin dientes porque, para empezar, no caben. El bebé lo primero que hacer es nacer, para lo cual tiene unos maxilares pequeñitos. Una mandíbula pequeña permite que la cabeza se pueda flexionar y pueda caber por el canal del parto. Una vez que el bebé nace, todos los nutrientes los va a obtener de la leche materna, y la boca está preparada para mamar. Tocad con la lengua por detrás de los dientes de arriba: hay unas arruguitas en la parte delantera del paladar que son para ayudar a retener el pezón en su sitio al mamar. Las encías tienen una especie de reborde fibroso (cordón de Robin y Magitot) que irá desapareciendo conforme van saliendo los dientes.

Para que el amamantamiento pueda darse, la articulación temporomandibular, y la forma y disposición de los huesos y de los músculos  permiten que el bebé realice movimientos de delante atrás, que vaya “tirando” de estas estructuras anatómicas hacia delante, favoreciendo el crecimiento anteroposterior de los huesos, que luego irá seguido de una correcta colocación de los dientes para realizar las funciones correspondientes. Es decir, el niño que mama no sólo se alimenta sino que hace la gimnasia necesaria para que la boca, y la cara, se desarrollen con normalidad.

El cuándo salen los dientes es muy variable, hay mucho margen dentro de la normalidad pero a los dentistas nos importa más el orden, porque si se altera es más posible que los dientes no se coloquen donde les corresponde.

Antes de salir los dientes, se empiezan a marcar en la encía y se ven lo que llamamos “segmentaciones”, es decir, los bultitos que hacen los dientes bajo la encía, y las hendiduras entre cada bultito, como se ve en las imágenes.

segmentaciones Hugo Claudia

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Normalmente los dientes salen de forma simétrica. Si entre uno y su simétrico pasan más de 3 meses, está indicado hacer una radiografía para ver si hay algo que esté retrasando u obstruyendo la erupción.

Los primeros dientes en salir suelen ser los incisivos centrales inferiores. No es casual ni aleatorio que sean los inferiores: la arcada inferior es “excitatoria” y la superior “receptora”. La arcada inferior actúa como una mano de mortero sobre el mortero que es la superior. Los movimientos mandibulares son los que guían la erupción de los dientes superiores. Que salgan primero los superiores puede acabar implicando que se establezca una mordida cruzada en los dientes de delante, y que estos dientes de arriba se queden inclinados hacia dentro y los de abajo hacia fuera.

Salen, por tanto, los 4 incisivos superiores y los 4 inferiores, y es habitual que los padres consulten porque el bebé “rechina” los dientes. A esta rechinar no lo consideramos bruxismo. Para un bebé debe de ser muy extraño que en una cavidad donde antes sólo había encías, mofletes, lengua… todo blandito, aparezcan una cosas duras, que como te descuides te pillas la lengua y duele, y que además chocas unas contra otras y suenan cual castañuela. Normal que quieran ver de qué va eso, si es para siempre, si se lo pueden quitar, si sirve para algo. Al margen de la curiosidad, el hecho de chocar unos dientes contra otros supone empezar a hacer funcionar los receptores sensoriales que hay en el ligamento periodontal (el que une el diente al hueso): los dientes empiezan a decirle al cerebro “eh, que estamos aquí”, a transmitir sensaciones de presión, frío, calor, dolor, etc. Además, es un punto de estimulación de crecimiento óseo.

Es normal, y deseable que haya espacios (diastemas) entre los dientes: los definitivos son mucho más grandes que los de leche, y cuando salgan necesitarán el espacio del de leche más esos milímetros de espacio entre los primeros. Cuando entre los dientes de leche ya vemos que no hay espacios, se prevé que en los definitivos habrá apiñamiento. Además, ese espacio entre diente y diente es un “seguro anticaries”: los restos de comida no se quedan ahí retenidos, salen espontáneamente. Es muy raro ver caries interdentales cuando los dientes están bien separados.

La salida de los 8 incisivos empieza a limitar el espacio disponible para la lengua, que comienza a situarse más atrás y a prepararse para empezar con los movimientos que exige la masticación.

Después salen los primeros molares de leche, dejando el espacio para los caninos que saldrán después. Los molares son más grandes, tienen más raíces, por tanto más ligamento periodontal, o sea, más receptores sensoriales que mandan información al sistema nervioso central cada vez que en la masticación chocan  las muelas entre sí. Con la salida de los incisivos y las primeras muelas nos hacemos una idea bastante certera de cómo se sitúa la mandíbula respecto al maxilar superior, y ya tendremos pistas sobre lo que puede ir sucediendo después. El niño que tiene muelas ya puede manejar el bolo alimenticio con la lengua y los carrillos, ya puede extraer mejor los nutrientes de los alimentos; la alimentación sólida empieza a tener más protagonismo frente a la lactancia. Por eso salen en este momento y no antes. El desarrollo se va haciendo de una forma ordenada y lógica.

Tras ellas, salen los caninos (colmillos), que serán la guía de los movimientos de la mandíbula hacia los lados, y finalmente, como muy tarde a los 3 años, los segundos molares de leche. Ahí ya termina por establecerse la altura de la mordida.

Las muelas son para masticar, no hay otra. Cuando el niño mastica por el lado derecho, ese lado va haciéndose más robusto, el hueso se va mineralizando, los músculos se van tonificando. Cuando mastica por el izquierdo, lo mismo. El crecimiento debe ser simétrico, con lo cual la masticación debe darse por uno y por otro lado de forma alternante.

Las alteraciones en la erupción dental pueden deberse  a déficits nutricionales, enfermedades o puede ser idiopático (vamos, que no tenemos ni idea de la causa). Pero ojo, no perdamos de vista que sí hay niños a los que no les erupciona ningún diente o sólo les salen algunos. Esa respuesta que dan a veces de “¿pero alguna vez has visto un niño sin dientes”? está claro que lo hacen personas que desconocen enfermedades en las que esto puede ocurrir.

En muchos niños la salida de los dientes puede dar molestias o febrícula. Si la temperatura sube más de 38, hay que buscar la causa en otro lado. Estas molestias se pueden tratar con masaje local, frío, y si es necesario paracetamol vía oral (¡¡¡NO FROTADO EN LAS ENCÍAS!!!). Un diente que está erupcionando es un diente aún muy frágil. Recordemos la necesidad de cepillar los dientes con cepillo y con pasta con 1000 ppm desde que empiece a asomar por la encía.

 

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