secuencia mordeduras manzana

¿Pensáis que masticamos para moler la comida? ¿que esa es la función principal de la masticación? ¿que si no masticamos no aprovechamos los nutrientes?

Pues no. O no sólo.

Si ingiríeramos la comida sin masticar aprovecharíamos un porcentaje muy importante de los nutrientes, no nos moriríamos de desnutrición ni tendríamos carencias que pusieran en riesgo la salud. Podemos nutrirnos sin apenas masticar, como de hecho lo hace un elevadísimo porcentaje de la población, ese que hasta le quita la corteza al pan de molde, no sea que les incomode tanto ejercicio.

Pues resulta que la función más importante de la masticación es….

—————ttrtrtrtrtrtrtrtr (redoble de tambores)————

¡¡¡¡TENER UNA CORRECTA CIRCULACIÓN DE LA SANGRE EN EL CEREBRO!!!!

Está claro que el sedentarismo es un problema en nuestra sociedad actual. No nos movemos, no caminamos, no andamos, no saltamos, no corremos. La sangre nos circula a cámara lenta, y por tuberías oxidadas y lleva con lentitud la sangre a los tejidos. Y con la sangre, el oxígeno. No tenemos vidilla en las venas. Y esa falta de vidilla acaba siendo falta de vida de verdad: aumento de la patología cardiovascular, infartos, accidentes cerebrovasculares, etc. que acaban significando o una muerte prematura o unas secuelas tremendas, en muchos casos.

Desde el inicio de la alimentación complementaria, el introducir alimentos enteros en la boca proporciona un estímulo impresionante para los receptores sensoriales de la boca: el niño aprende a diferenciar temperaturas, texturas, sabores, dureza; aprende a controlar la fuerza que necesita para deshacer cada alimento, a mover lengua, labios y carrillos para desplazar el bolo alimenticio de un lado a otro. No se limita, como con las papillas, a abrir, cerrar y tragar, sino que mueve para los lados, y pone en marcha todo el sistema neuromuscular que proporciona una información increíble al cerebro, que interviene no sólo en la masticación sino con el olfato, la vista, la coordinación ojo-mano, el oído… debe de ser muy sorprendente para un niño la diferencia entre un gajo de mandarina y un cuscurro de pan. De todo eso le privamos si no le dejamos masticar.

La actividad del aparato masticatorio es la masticación, claro está. Cuando masticamos mejora el flujo de sangre en los órganos que trabajan en esos momentos: los músculos, los huesos, los ligamentos periodontales, las propias células que viven dentro de los dientes y muelas. Pero los vasos sanguíneos que irrigan a estas estructuras proceden de otros más grandes que van hacia el cerebro. Muchos estudios, que se iniciaron en roedores, han demostrado que la capacidad masticatoria aumenta el flujo sanguíneo cerebral y afecta al aprendizaje y a la memoria espacial. Masticar cosas duras activa una parte del cerebro mientras que masticar cosas blandas otra diferente: los alimentos duros influyen más en el cerebelo y los duros en la corteza sensitivo-motora y en la masticatoria.

(Hay algún estudio que dice que si te entra sueño mientras conduces, una manera de mantenerse despierto es comer chicle. No quiero dar a entender que haya que comer chicles, que es de las cosas más traumáticas que se pueden hacer con la boca, pero en el contexto en el que hablo, se explica que el atontamiento se disuelve masticando).

La velocidad de la circulación sanguínea cerebral aumenta con la masticación, y ojo, no sólo por mover la mandíbula sin ton ni son: cuantos más contactos dentarios hay, mejor calidad de la irrigación cerebral: al agregar una interferencia en la masticación, disminuye significativamente el volumen sanguíneo. La actividad cerebral aumenta según aumentan el número de dientes presentes en la boca y la fuerza de la mordida. Esto a su vez repercute en una mejor memoria, mantenimiento de habilidades motrices y disminución en el riesgo de padecer algún tipo de demencia.

Se puede comprobar fácilmente que las personas mayores con demencia severa tienden a tener peor la dentadura. Así pues, se observa una fuerte asociación entre demencias como la enfermedad de Alzheimer, la habilidad para comer y el estado bucal: masticar, y masticar bien, con una oclusión correcta, juega un rol muy importante en el aprendizaje y la memoria. La OMS de hecho ya ha informado de que la pérdida de dientes naturales es un factor de riesgo para desarrollar la enfermedad de Alzheimer; por tanto prevenir la pérdida de dientes es prevenir la demencia. Masticar previene la disfunción cognitiva

En otros estudios sobre comportamiento se ve que pacientes con algunas demencias vasculares tienden a elegir alimentos más blandos, incluso con el mismo número de dientes.

En otro orden de cosas, también podemos observar otras condiciones: niños que son respiradores orales, que utilizan la boca para respirar de forma habitual, no mastican bien. Se atragantan más (incluso desde bebés) porque no pueden coordinar masticación, respiración y deglución de forma adecuada. Estos niños mastican poco y normalmente sólo por un lado, no pierden tiempo pasando el bolo alimenticio de un lado a otro y les suceden dos cosas: o engullen sin masticar, o directamente prefieren comidas blandas para no tener que esforzarse en masticar. Estos niños también tienen peores resultados académicos: les cuesta más mantener la atención (muchas veces son diagnosticados erróneamente de TADH) y tienen peor memoria operacional (fallan más en cálculo mental o a la hora de recordar palabras).

Por tanto podemos decir que MASTICAR es importante, no solo porque podemos obtener mejor los nutrientes de los alimentos, no solo porque en cuanto a la prevención de la obesidad es crucial masticar porque nos hace percibir la saciedad antes y así comemos menos (supongo que está clara la diferencia entre comerse dos manzanas, que se te sale la manzana por las orejas, o beberse el zumo de tres manzanas en un suspiro): masticar es importante para mantener el cerebro en forma.

Deberíamos poner aún más el acento en la importancia de no perder dientes. No perder dientes de leche, para empezar, porque ese es el principio de todo: una boca en mal estado en un niño es una bola de cristal de la boca del adulto. No hay adulto desdentado que no haya tenido mal antes la boca cuando era niño.

Y si se pierden los dientes/muelas, preguntarse primero POR QUÉ para cambiar el futuro y no perder también luego dientes restaurados, con coronas, con puentes, con prótesis o con implantes (no me digáis que os creéis que los implantes “son para siempre”).

Que nuestros ancianos puedan masticar, que en las residencias y donde atienden a estas personas insistan en la higiene bucodental; que dejemos de ver DE UNA VEZ POR TODAS a la boca como un cacho del cuerpo sin relación con el resto.

La prevención sigue siendo la asignatura “maría” en el sector público pero también en el privado. Que esto cambie depende de los dentistas, sí, pero si aquí no movemos ficha, vosotros, los pacientes, EXIGIDLO. Es lo más barato, eficaz y saludable.

 

PARA SABER MÁS:

  • Aguirre-Siancas E.E. (2014). La memoria y el aprendizaje y su relación con la masticación. Revista Mexicana de Neurociencia, 15(6):351-354.
  • Chen, H., Iinuma, M., Onozuka, M., & Kubo, K. Y. (2015). Chewing maintains hippocampus-dependent cognitive function. International journal of medical sciences12(6), 502.
  • Hara, T., Kawanishi, K., Ohno, A., & Iida, S. (2017). The evolution of research on occlusion and brain function. Journal of prosthodontic research61(1), 6-8.
  • Kuroishi, R. C. S., Garcia, R. B., Valera, F. C. P., Anselmo-Lima, W. T., & Fukuda, M. T. H. (2015). Deficits in working memory, reading comprehension and arithmetic skills in children with mouth breathing syndrome: analytical cross-sectional study. Sao Paulo Medical Journal133(2), 78-83.

 

 

 

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