Campanario

Para MARIA JOSE CAMPANARIO y todos los aspirantes a dentistas que esperan titularse próximamente:
Si has elegido esa profesión por vocación, quédate. Si te emociona ver una persona con una boca en mal estado porque tú en tu cabeza inmediatamente estás viendo a esa persona con una sonrisa de oreja a oreja, quédate.
Si te emociona más todavía ver a una persona con la boca perfecta quédate.
Si crees que puedes arreglar dientes, prueba a quedarte. Si crees que arreglando dientes puedes devolver las ganas de que tus pacientes salgan en primera fila en las fotos, cuando antes se tapaban con la boca o no sonreían, quédate.

Si crees que es una profesión curiosa porque tiene su punto científico y su punto artístico, intenta quedarte pero no te vendas. No dejes que se aprovechen de ti, te habrás dejado los cuernos estudiando, y encima con hijos, para que ahora entres a regalar tu trabajo a cualquier sitio con amplias recepciones de mármol de Travertino. Sepulcros blanqueados son.

Ve despacito, poco a poco. Pide ayuda pero ten confianza en ti misma también.

Todos hemos sido novatos en esto, todos hemos hecho nuestro primer tallado y nuestra primera extracción con tantos miedos, precauciones y “peros” insuperables, que finalmente claro que superamos. Tienes en contra la edad. Ya te ha pillado de adulta y con responsabilidades. Da más miedo meter la pata. Pero la meterás. Y tendrás que sacarla y pedir perdón. Y seguir aprendiendo.
Sé prudente con lo que haces, pero no tengas miedo. Si tienes miedo rodéate de buenos profesionales, de compañeros honestos, que los hay a miles. Estudia, ve a clínicas de amigos (cielos, noo… que es ilegal ir a mirar a otras consultas!!!). Si tienes dudas de algo, si algo no te cuadra, no te lo pienses y ESTUDIA MAS. Puede ser que en clase te hayan dicho cosas que no son ciertas y las das por dogma. ESTUDIA MAS.
Sé humilde y reconoce hasta dónde puedes llegar.

Disfruta de lo que haces. No sé si tendrás idea de poner tu propia consulta o trabajar para otros. Cualquier opción es buena mientras conserves la ética y la responsabilidad por encima de todo. Cualquier paciente podría ser tu padre, o tu hijo. Cuando tengas una duda sobre qué plan de tratamiento es el adecuado, habla más con tu paciente. No lo decidas tú. Informa, ten todos los datos posibles y ayuda a decidir al paciente lo que sea mejor para él a largo plazo. Que ningún comercial haga que la balanza vaya hacia el plan más costoso (que será más complejo) porque la responsabilidad, al 100% es tuya, aunque cobres a porcentaje. Siempre, TODA la responsabilidad es tuya.

Si has venido a este mundo a forrarte, quédate. Si lo consigues, cuéntame cómo.

Duerme. Si algo te quita el sueño, no lo hagas.

Dormir tranquila vale mil veces más que el mejor de los sueldos.

Mucha suerte, que también te hará falta.

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