Hoy voy a hablar de Daniel.
Daniel es un niño al que conocí hace ya más de dos años, cuando tenía cinco. Vino, “rebotado” de otra consulta (en la universidad, dicho sea) con una madre muy muy preocupada, de una provincia que ni siquiera linda con la mía, y con una boca en un estado ¿preocupante? ¿lamentable? ¿sana?… Si os digo la verdad no recuerdo ni cómo estaba su boca, porque lo llamativo de verdad era que esta familia sudaba adrenalina y lo exhalaban por cada poro. La madre estaba desesperada porque veía que su hijo tenía problemas en la boca, y se había recorrido unos cuantos cientos de kilómetros para ver cómo solucionar el tema, y el plan de tratamiento distaba mucho de ser un PROYECTO DE SALUD para su hijo. Las medidas propuestas no le iban a transformar en un paciente sano. En realidad, NADIE se estaba preocupando por la SALUD de su hijo, sino por su ENFERMEDAD.

UN NIÑO MALO CON UNA BOCA MALA


El tratamiento planteado a los padres consistía en, (textualmente lo pongo porque tengo el informe delante) “restauración de los molares y caninos infectados. Por la localización de las lesiones en los incisivos, y el riesgo para la odontogénesis de los permanentes, se propone la extracción de los mismos” (ahí tenéis uno de estos incisivos malignos, engendrados por el demonio). Y sigue: “Dado que la falta de colaboración del niño durante el tratamiento supondría un riesgo importante para él, se plantea realizar esta fase del tratamiento bajo anestesia general y remodelar la conducta posteriormente, para el tratamiento ambulatorio, con actuaciones más sencillas para el niño”.

incisivo

Incisvo central que no fue extraído sino que se cayó cuando le tocaba, y con unas caries que presumiblemente iban a afectar a la formación del diente definitivo

La madre no quería ni en un millón de años someter a su hijo a un proceso que a pesar de todo es seguro y atraumático en la actualidad como es la anestesia general. Pero parece que no había opciones porque Daniel se había portado muy mal en la consulta, por lo visto. Por eso pedía una segunda opinión.
El chico hubiera preferido seguramente tirarse por el Acueducto antes que sentarse en mi sillón. Así y todo se sentó y le pude mirar y nos hicieron falta muuuuchas dosis de paciencia, muuuuchas citas y muuuuucha información y muuuuuuuuuuuuuuuucha colaboración por parte de toda la familia.

OBJETIVO: DON DANIEL


Primero pusimos el objetivo en un señor que era Don Daniel, de 20 años, los que tuviera él dentro de 15, que sería un joven sano, con toda su dentición permanente en perfecto estado, y a lo mejor con algún Danielito en camino al que sabría cuidar su boca desde antes de asomarse al mundo. Nos dimos cuenta de que dentro de Daniel había 32 piezas en perfecto estado de revista, aunque ahora no las veíamos y en su boca sólo nos saludaban piezas enfermas. Pero creíamos, y sabíamos, que Daniel tenía una boca sana escondida por ahí, y la íbamos a hacer salir.
Segundo, nos propusimos que lo que estaba ligeramente enfermo, no empeorara. Para eso tuvimos que estudiar concienzudamente los factores de riesgo del chico, las costumbres familiares, los hábitos dietéticos, y enseñar a cepillar la boca correctamente.
Porque los dentistas tenemos decenas de cacharros llenando los cajones para tratar la enfermedad. Ninguno de ellos, pero ninguno, sirve para CREAR SALUD. Pero EN TODAS LAS CASAS hay elementos para crear salud, aunque a veces no se manejan correctamente. Así que enseñamos a cepillar. La madre entre pitos y flautas se ha sacado el título otorgado por mí y sin ninguna validez académica ni créditos ECTS de “Agente multiplicador de salud”. Donde esta madre va, no hay un niño que no se cepille. Si esta madre va de excursión acompañando a su hijo y a los demás niños de su clase, se encarga de sugerir cuándo hay que comerse las galletas, en dónde llenar las botellas de agua en vez de beberse los productos azucarados lácteos, etc. Sabe, entiende y tiene integrado cómo es el proceso de la caries, que es un contínuo entre DESmineralización y REmineralización, y sabe cómo manejarlo. Le da mil vueltas a muchos profesores de odontopediatría. Se conoce, aunque no lo sabe, el protocolo Cambra mejor que el que lo inventó.
A Daniel no le hemos extraido nada, ni una pieza. No ha hecho falta, ni ha tenido dolores, ni flemones ni el cielo se ha desplomado sobre su cabeza ni la odontogénesis (cómo mola la prestancia que te da decir palabros técnicos, eh) ha afectado a los definitivos. Le hemos aplicado cariostáticos (que conseguimos del extranjero porque en España no los venden 346326870) , flúor tópico, le hemos pintado la boca de rosa unas cuantas veces, y sí, le hemos hecho obturaciones (empastes) de la forma más atraumática posible. La biología, en su momento, ya ha expulsado un incisivo, que ya le tocaba por edad, no es mérito mío ni de nadie.

Incisivos centrales superiores normales.

Incisivos centrales superiores normales.

ODONTOLOGÍA CONTRA NATURA no es ciencia


Me gustaría aclarar una cosa que parece que se olvida constantemente. Los planes de la Naturaleza para nuestros niños es que sean adultos sanos y se reproduzcan y nazcan más niños que serán adultos sanos… La Naturaleza ha previsto después de muchísimos años de selección, muchos más que la suma de todos los estudios longitudinales que puedan aparecer en la Cochrane, una dentición de leche, temporal, decidua o descartable, que se cae, y una dentición definitiva, que tiene otras características histológicas y biológicas, y son diferentes. La Naturaleza SABE que los dientes de leche pueden sufrir muchos problemas, que los niños se caen, que se rompen los dientes, que salen caries que avanzan extraordinariamente rápido, y no es por casualidad. Un diente de leche que se ve afectado por un proceso infeccioso MUY DUDOSAMENTE afectará al definitivo. Esto sucede con más frecuencia cuando el dentista se empeña en METER cosas a los dientes en vez de ayudar a la naturaleza a SACAR lo que está mal. Me parece un chantaje de los chungos el decirle a un paciente que hay que hacerle no-sé-qué porque si no saldrán mal los dientes definitivos. No le voy a llamar la “carta del niño muerto” (las que me leéis y sois del monotema ya sabéis a qué me refiero) pero es exactamente la misma clase de presión, chantaje o amenaza de “haz lo que yo te diga, que yo soy el que sabe, y si no, todo lo que pase será culpa tuya”, desdeñando por completo el trabajo que la BIOLOGÍA sabe realizar muy bien solita si no nos entrometemos.
¿Quién es el que sabe? Un poquito de humildad. Si nos ponemos en contra de la Naturaleza, perderemos. Perderemos los dentistas y perderán los pacientes. Pongámonos del lado de la vida, del lado del fibroblasto, del lado del osteoclasto, del lado de la dentina terciaria. La Naturaleza siempre gana. Siempre.

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