muela culpable Hay un momento en la vida en el que todo lo malo que le pasa al bebé es culpa de la boca. De la saliva “ácida”, o de los dientes. Que el niño llora, es que le está saliendo algún diente. Que se le irritan los labios, es que la saliva es muy ácida, que tiene diarrea, es por los dientes, que tiene estreñimiento, también es por los dientes, que se le irrita la zona del pañal, es culpa de los dientes. La cuestión es que la erupción dental comienza cuando el niño empieza también a tener un sistema inmunológico más competente y puede responder por sí mismo mejor a las agresiones del medio ambiente. El niño se mete a la boca todo lo que pilla, y en general es lo que se mete, y no lo que le sale dentro, lo que le ocasiona los problemas.

¿PERO QUÉ PASA CON LOS DIENTES?

Los dientes hacen aparición en una boca desnuda, haciendo notar al bebé que de pronto parece que hay algo duro ahí dentro, algo que se le ha quedado pegado, un trozo de juguete o algo, qué será. Como no le puede decir a su madre “oye, mamá, tengo incrustado en la encía algo duro, te juro que no me he cogido un hueso de aceituna, pero se me ha quedado pegado y por más que meto la mano y me rasco no lo puedo sacar, mira a ver si tienes un ratito y escarbas”, pues entonces llora. Seguramente si pudiera hablar no lloraría, pero mientras tanto la única forma de expresión por la que puede llamar la atención sobre un hecho tan extraordinario para él es llorar. Cuando al cabo de poco tiempo más se da cuenta que ahora tiene más cosas duras, y ya no sólo abajo sino también en la zona de arriba, y que cuando abre y cierra la boca esas cosas duras chocan y hacen ruido, y si pillan la lengua en medio duele, entonces se dedicará a ver si rozando la parte de arriba con la de abajo esa incomodidad desaparece. Los dientes al principio son auténticas interferencias en los movimientos de la mandíbula, que hasta ahora se desplazaba libremente. Pero con la erupción dental comienza también la alimentación complementaria. Y no sólo de alimentos, sino de toda clase de cosas que el niño se pueda llevar a la boca, y a la nariz. Eso significa contacto con gérmenes nuevos, y desconocidos hasta la fecha. El organismo tiene que empezar a crear anticuerpos contra gérmenes habituales, muchos de los cuales se quedan atrapados en el espacio que queda entre el diente a medio erupcionar y la propia encía. Si ese espacio no se limpia, los gérmenes se multiplicarán y podrán dar algunas décimas de fiebre. Pero décimas, no grados. Cuando la temperatura aumenta por encima de los 38.5ºC algo más está pasando, que si continúa más allá de 48 horas convendría que valorara el pediatra.

¿Y CON LA SALIVA? ¿TAN ÁCIDA ES?

El exceso de salivación suele preceder y acompañar a los dientes que salen. Sobre los 3-4 meses el crecimiento y producción de las glándulas salivales es mayor que la capacidad que tiene el niño para tragar. De esa forma, la saliva acaba saliendo al exterior y produciendo irritaciones en la piel. Pero esas irritaciones son por la maceración que produce la humedad constante de la saliva sobre la piel. En modo alguno significa que la saliva sea “ácida”. Todo lo contrario, la saliva tiene capacidad de neutralizar los ácidos de la placa bacteriana gracias a su capacidad “buffer” o tampón, por el bicarbonato que tiene en su composición. La saliva es el detergente de la boca, y su escasez o su modificación bioquímica por enfermedades o medicamentos sí que supone una alteración del ecosistema bucal. Pero la saliva no es ni puede ser ácida, y se puede comprobar midiendo el pH de justo en la desembocadura de los conductos que la transportan hasta el interior de la boca. Aunque sí que es cierto que ingerir demasiada saliva puede acabar produciendo diarrea, y será entonces una típica deposición líquida pero que no es maloliente, pues no ha intervenido ningún germen infeccioso.

No hay por tanto una justificación en que sean los dientes los que ocasionan dermatitis del pañal, que muchas veces son infecciones por hongos, ni irritaciones genitales, ni nigún otro proceso dermatológico. Parece que está claro que la percepción de los padres sobre el origen de las molestias de su bebé se debe más al desconocimiento del proceso de desarrollo y crecimiento que a la erupción dental. Sin embargo, la gran diferencia radica en cómo se percibe esta realidad; las madres que tienen un único hijo afirman claramente que el conocimiento fue adquirido por el sentido común, mientras que las madres de más de un niño reconocen que el conocimiento viene de su experiencia con los niños anteriores .

Una cosa es que todos estos procesos coincidan o se superpongan en el tiempo y otra que uno sea consecuencia de la otra. Se superponen y coinciden, sí. Pero la dentición NO ES CAUSA de otras patologías o síntomas. Mantener una higiene dental meticulosa en la boca del bebé desde que erupciona el primer diente redundará en una menor carga bacteriana y por tanto en una menor posibilidad de molestias debidas a los gérmenes que el niño, en su cada vez mayor contacto con el mundo, ponga en contacto con su organismo.

PARA SABER MÁS

• de Almeida Pdel V1, Grégio AM, Machado MA, de Lima AA, Azevedo LR. Saliva composition and functions: a comprehensive review.J Contemp Dent Pract. 2008 Mar 1;9(3):72-80.

• Teething trouble and its management in children. Zakirulla Meer, Allahbaksh Meer . INTERNATIONAL JOURNAL OF DENTAL CLINICS 2011:3(2):75-77

• McIntyre G, McIntyre G. Teething troubles? British Dental Journal. 2002;192(5):251-5.

• Markman L. Teething: facts and fiction. Pediatrics in Review. 2009;30(8):59-64.

• Swann I. Teething complications, a persisting misconception. Postgraduate Medical Journal. 1979;55(639):24-5.

http://www.fda.gov/drugs/drugsafety/ucm250024.htm, accedido el 01/11/2014

• Leung A. Teething. American Family Physician. 1989;39(2):131-4.

• Paulose D. 2007. Available from: http://www.drpaulose.com/general/teething-trouble-ear-ache-and-runny-nose.

• Mota-Costa R, Medeiros-Júnior A, Aciolly-Júnior H, Araújo-Souza GC, Clara-Costa Ido C. Mothers’ perception of dental eruption syndrome and its clinical manifestation during childhood.Rev Salud Publica (Bogota). 2010 Feb;12(1):82-92.

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